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Economía Solidaria, Comercio Justo
y Tiendas en América Latina

Pablo Guerra
pguerraimc@yahoo.com
Uruguay
Sociólogo, profesor en Economía Solidaria de la Universidad de la República de Uruguay, reconocido autor de numerosos libros y publicaciones sobre Economía Solidaria, coordinador del programa de Economía Solidaria de la Obra Kolping Uruguay y co-fundador del Espacio Mercosur Solidario. Ha sido promotor de numerosas iniciativas de Economía Solidaria en América Latina.
Desde una vasta experiencia tanto en el ámbito académico como en el  social, siendo pionero y promotor en Uruguay de la Economía Solidaria, Pablo Guerra,  analiza en este artículo a la Economía Solidaria y el Comercio Justo, desde sus orígenes hasta la actualidad en una de sus expresiones más visibles: Las Tiendas.

Quienes venimos trabajando en estas cuestiones, ya sea desde el plano académico a través de la Universidad de la República, o en el plano profesional y de acompañamiento a través de numerosas experiencias y organizaciones sociales, hemos podido observar a lo largo de los últimos años un profundo dinamismo de los sectores populares asociativos proponiendo y apostando a formatos económicos con una alta carga de componentes alternativos, animados por principios, valores y acciones que en sí mismas parecerían estar demostrando que esa “otra economía posible” efectivamente se encarna y proyecta en propuestas y experiencias muy concretas que se tejen a lo largo y ancho de nuestro continente.

Como toda experiencia social o económica con cierto impacto en nuestras sociedades y mercados, las de Economía Solidaria necesitan de un marco teórico y conceptual.


Probablemente lo más significativo de estas experiencias, no sea tanto estudiarlas y comprenderlas desde su aporte cuantitativo y convencional desde el enfoque tradicional de los negocios, sino observarlas como prácticas que intentan superar algunos de los asuntos más problemáticos de la economía basada en el capital y en la mera lógica de mercado inspirada en el marco del utilitarismo, individualismo y neoliberalismo que tanto afectara a los sectores más deprimidos del continente durante décadas. Es así que las experiencias de Economía Solidaria apuestan a la centralidad del trabajo y la persona humana, al factor comunitario, a la participación equitativa y más plena posible en la toma de decisiones, a criterios de justicia distributiva,  de verdadero desarrollo humano y de protección del medio ambiente, de la producción artesanal y de la identidad local, en fin, experiencias que  apuntan sobre todo a la inclusión social en momentos históricos donde lamentablemente los procesos de exclusión parecen querer dominar la escena contemporánea.
En nuestra América Latina, este conjunto de experiencias ha recibido numerosas denominaciones: economía popular, economía del trabajo, economía popular solidaria, economía alternativa, economía de la solidaridad o incluso socioeconomía de la solidaridad como nosotros mismos hemos preferido denominar .
Como toda experiencia social o económica con cierto impacto en nuestras sociedades y mercados, las de Economía Solidaria necesitan de un marco teórico y conceptual que les dé cuenta. Es así que en teoría, podemos definir a la Economía Solidaria como un modo especial y distinto de hacer economía en cada una de sus fases (producción, distribución, consumo y acumulación), que por sus características propias consideramos alternativas respecto de los modos capitalistas y estatistas predominantes en los mercados determinados.
Nótese como desde este punto de vista, el Comercio Justo puede (y debe) ser visto no solo como movimiento específico (con su historia, organizaciones de promoción, principios establecidos por escrito, etc.) sino en primer lugar como la fase de
comercialización de toda economía que se pretenda solidaria, o dicho de otro modo: una Economía Solidaria para considerarse como tal, necesita de un Comercio Justo. Estudiando y analizando los diversos mecanismos mediante los cuáles se transfieren bienes y servicios, podemos concluir junto a Polanyi en que las instituciones económicas se confunden con las instituciones no económicas en los procesos de circulación y comercialización en numerosas culturas.
No es éste el lugar indicado para avanzar en estas elaboraciones, pero sí quiero compartir con el lector, una idea fuerza que nos ha motivado para articular a los movimientos de la Economía Solidaria y el Comercio Justo: desde sus inicios en los años sesenta, el Comercio Justo ha sido un ejemplo concreto  de cómo es posible pensar a la comercialización en el marco de  una economía “subsumida” a lo social (embedded economy al decir de la tradición de la antropología sustantivista). Es así que se entienden los principios, valores y prácticas habituales de una manera de comercializar que evidentemente contrasta con los principios, (anti) valores y prácticas comerciales que hegemonizan en nuestros mercados determinados.

Economía Solidaria y Comercio Justo son entonces, conceptos que se necesitan mutuamente para ser integrados en un marco comprensivo (teoría) de determinados comportamientos socioeconómicos.


Economía Solidaria y Comercio Justo son entonces, conceptos que se necesitan mutuamente para ser integrados en un marco comprensivo (teoría) de determinados comportamientos socioeconómicos. Pero son además, verdaderos movimientos que a diferencia de otras corrientes ideológicas, han privilegiado la acción concreta antes que el discurso, han puesto el acento en generar prácticas desde lo micro y desde lo local, sin esperar que un gran acontecimiento político generara las “condiciones necesarias” para el cambio. Se trata, en definitiva, de movimientos que apostaron y apuestan al cambio de abajo hacia arriba, convencidos que  si esperamos ciertas “condiciones” para empezar a cambiar aquellas cosas que no funcionan, se nos puede ir la vida sin hacer nada a favor de quienes más necesitan.
Es notorio entonces que tanto desde el punto de vista teórico como desde las prácticas concretas, el Comercio Justo y la Economía Solidaria deben verse como parte de un mismo proceso. Hemos visto además cómo
en los últimos años se han realizado convergencias más que importantes entre ambos fenómenos. Este contexto es de fundamental importancia para dar cuenta del llamado al 1er Encuentro Latinoamericano de Tiendas de Economía Solidaria y Comercio Justo.
Ya hemos apreciado que han sido varios los intentos por vincular ambos conceptos y movimientos, a pesar de lo cuál, todavía no se había convocado por parte de ningún colectivo a un encuentro específico de Tiendas. ¿Razones?, varias, entre las cuáles la del artillero: las prácticas de Tiendas en América Latina han sido, salvo algunos casos muy particulares en Ecuador, prácticamente inexistentes hasta hace muy poco tiempo. Por un lado, las organizaciones de Comercio Justo privilegiaban la mirada Sur – Norte, por otro lado el movimiento de Economía Solidaria, de fuerte base popular, comenzó a comercializar fundamentalmente no por medio de Tiendas, sino mediante los formatos de Ferias  .
Ahora bien, en el marco de un proceso de fortalecimiento de las organizaciones promotoras tanto de la Economía Solidaria como del Comercio Justo, comienzan a generarse experiencias de Tiendas en algunos países latinoamericanos, que, a diferencia de lo que sucede en el  norte, utilizan distintas denominaciones (comercio comunitario, comercio solidario, comercio equitativo, etc.) lo que nos obligó a un esfuerzo de cobertura conceptual  bajo el paragua de “tiendas de Economía Solidaria y Comercio Justo”.Una Tienda de Economía Solidaria y Comercio Justo definitivamente no es  una tienda como cualquier otra, de la misma manera que el sector de la Economía Solidaria no se pretende igual a los otros sectores, y que el Comercio Justo no se pretende equiparable al comercio tradicional. Obviamente que hay puntos en común con cualquier otra tienda (un lugar físico, un horario de atención al público, productos que se comercializan, estructuras de gestión que hay que atender, etc.), sin embargo, la identidad  de estas tiendas pasa por los objetivos que persiguen así como por la racionalidad e instrumentos concretos utilizados en diversas áreas. Véase en el  siguiente cuadro algunas de las diferencias que hacen a la identidad de nuestras Tiendas: La lenta irrupción de Tiendas con estas características (a diferencia de lo que sucede en Europa, Norteamérica y Japón,  el número de Tiendas en nuestro continente es muy bajo aunque pronosticamos una tendencia al  crecimiento para los próximos años) se constituye no solo en un indicador elocuente de los nuevos espacios que pretende ganar la Economía Solidaria y el Comercio Justo en la región (mayor visibilidad, campañas de consumo responsable, apertura hacia lo local, etc.) sino además en una verdadera oportunidad para avanzar en concreto hacia la construcción de mercados justos y solidarios en el continente así como a una integración económica basada en los principios y valores que guían a estos movimientos. Extractado del prólogo “Hacia una plataforma de Tiendas Latinoamericanas de Economía Solidaria y Comercio Justo. Sistematización del 1er Encuentro Latinoamericano de Tiendas de Economía Solidaria y Comercio Justo” del Doctor Pablo Guerra.
 
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